Galería Iluminarte is pleased to present Impressions of a World Adrift, an individual exhibition of the latest photographs of Daniel Laks Adler. In this new stage of experimentation, Laks subverts the notion of a “correct exposure” to create a visual universe that bridges the photographic and the pictorial.
The denuded, desolate, minimalistic landscapes find their counterpoint in an almost perverse use of depth of field and color temperature. His are not snapshots, they’re a meticulous reordering of space and time. The long shutter speeds and subtle movements of the camera are what give atmosphere to the photographs, unique and unrepeatable, of real, superimposed scenes. Variations of space and time in a single frame characterize perceptually illusory images with a certain dreamlike quality that seems to speak to us of an ephemeral world, fleeting, drifting away.
Literature, fine arts and, above all, photography have always been a part of the life and education of Daniel Laks (Lima, 1964.) His early works, in black and white, more traditional in style, but of high quality, are reminiscent of great cinematographers like Gregg Toland, Edouard Tissé, Giuseppe Rotunno, Robert Krasker and Russell Metty. One also notes evidence of still image photographers such as Cartier-Bresson, Gyula Halasz Brassay, Peter Henry Emerson, and more contemporary artists like Michael Kenna and Raymond Meeks. Later, he ventured into experimental photography with series that he generically called Textures in which he superimposes onto the original image one or more photos of textures. Then, slowly, meticulously and with exquisite precision, he works in a delicate balance of opacity and transparency, resulting in pieces that seem to be rescued from an attic in which they were exposed to brutal decay or that distantly evoke paintings of Sorolla, Courbet or even Turner. Impressions of a World Adrift is a decisive step forward in the evolution of a whole artist who has mastered his technique and who, with an ascetic spirit, renounces the artifices of post-processing in search of a pure art that puts the observer not only in space, but also in time, something simple in cinematography but almost unrealizable in the still image.
Galería Iluminarte se complace en presentar Impresiones de un mundo que se aleja, una exposición individual de los últimos trabajos fotográficos de Daniel Laks Adler. Entregado a una nueva etapa de experimentación, Laks subvierte las normas de lo que se entiende por una exposición “correcta” para crear un universo visual a caballo entre lo fotográfico y lo pictórico.
La desnudez y la desolación de sus paisajes minimalistas hallan su contrapunto en un uso casi perverso de la profundidad de campo y el cromatismo. Las suyas no son instantáneas, sino una labor meticulosa de reordenamiento del tiempo y del espacio: son la extensión temporal de las tomas y algunos movimientos sutiles de la cámara los que dan lugar a registros, únicos e irrepetibles, de escenas reales superpuestas; las variaciones de tiempo y espacio, contenidas en un solo fotograma, se traducen en imágenes perceptualmente irreales, con cierta apariencia onírica, que parecen hablarnos de un mundo efímero, fugaz, en retirada.
En la vida y la formación de Daniel Laks (Lima, 1964) siempre han estado muy presentes la literatura, las artes plásticas y, sobre todo, la fotografía. Sus primeros trabajos, en blanco y negro, de corte más tradicional pero de gran calidad —series de paisajes desolados, series abstractas centradas en las formas geométricas y arquitectónicas, y escenas urbanas— acusan la influencia de grandes directores de fotografía como Gregg Toland, Robert Krasker o Russell Metty. Se aprecia también la huella de fotógrafos a secas, si cabe definir así a Cartier-Bresson, Gyula Halasz Brassay y Peter Henry Emerson, y de artistas más recientes como Michael Kenna, y Raymond Meeks. Posteriormente se aventura en la fotografía experimental mediante varias series a las que denomina, genéricamente, Texturas, en las que Laks superpone a la imagen original una o más fotos de texturas que trabaja lenta y minuciosamente, con exquisita precisión, en un delicado equilibrio de opacidades y transparencias cuyo resultado son piezas que parecen rescatadas de un desván en el que hubiesen estado expuestas a un brutal deterioro y que recuerdan lejanamente a cuadros de Sorolla, Courbet e, incluso, Turner. Impresiones de un mundo que se aleja es un paso más, un paso decisivo, en la evolución de un artista integral que domina por entero los resortes de la técnica y que, con espíritu ascético, renuncia a los artificios del posprocesamiento en busca de una obra pura que sitúa al espectador no sólo ante un espacio, sino ante el discurrir del tiempo, algo sencillo en la cinematografía pero casi inalcanzable en la imagen fija.
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